Publicado el 13/09/2025 por Administrador
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La Asamblea General de Naciones Unidas aprobó por abrumadora mayoría la llamada Declaración de Nueva York, un texto que respalda la creación de un Estado palestino soberano, viable e independiente como parte de la solución de dos Estados. Con 142 votos a favor, 10 en contra y 12 abstenciones, la resolución se convirtió en un fuerte espaldarazo diplomático al histórico reclamo palestino.
El texto, impulsado por Francia y Arabia Saudita, pide que los pasos hacia la creación del Estado palestino sean “irreversibles y con plazos concretos”. Además, condena los ataques de Hamas del 7 de octubre de 2023, exige la liberación inmediata de rehenes y reclama que Gaza sea gobernada por una autoridad distinta al grupo islamista.
Lo que hace distinta a esta resolución respecto a ocasiones anteriores es, en primer lugar, la amplitud del consenso: pocas veces una propuesta relacionada con Palestina había logrado tal apoyo internacional, incluyendo a países europeos que ahora anuncian su reconocimiento oficial. En segundo lugar, el contexto humanitario en Gaza ha acelerado las demandas globales de soluciones políticas concretas, y no solo pronunciamientos simbólicos. Finalmente, el texto introduce la idea de plazos y compromisos verificables, lo que marca un cambio de tono frente a resoluciones más declarativas.
Sin embargo, la viabilidad del proyecto enfrenta obstáculos serios. La resolución de la Asamblea General no es vinculante, y para que Palestina se convierta en Estado miembro pleno de la ONU se necesita una recomendación del Consejo de Seguridad, donde Estados Unidos mantiene su poder de veto. Además, Israel rechaza la propuesta y la califica de inaceptable, mientras que sobre el terreno persisten los problemas de gobernanza entre la Autoridad Palestina y Hamas, la expansión de asentamientos y el estatus de Jerusalén.
Aun así, el voto de la ONU tiene un valor simbólico y político innegable. Refuerza la legitimidad internacional de la causa palestina, incrementa la presión sobre Israel y Estados Unidos, y podría servir de catalizador para que más países reconozcan bilateralmente al Estado palestino. De hecho, Francia, Reino Unido y Australia han anunciado que darán ese paso en paralelo.
El escenario realista es que la resolución sirva como un punto de inflexión diplomático más que como un cambio inmediato en el terreno. Si bien un Estado palestino plenamente soberano parece lejano, la votación eleva el costo político de la inacción y devuelve al centro de la agenda internacional una solución que durante años parecía estancada.